Catalina Sforza, la Vampiresa de Romaña

Catalina Sforza (Caterina, en italiano)(1463 – 10 de mayo de 1509), fue una de las grandes mujeres de la Italia renacentista. Y su fama trascendió su tiempo 

 

Presunto retrato de Catalina Sforza

 

"Este virago, sin duda heroica, vivió una existencia abundante en desgracias y crímenes. Sus infortunios conmovían a los contemporáneos porque era mujer; pero verdaderamente resultaba superior por la brutalidad de su carácter, más salvaje que viril, a todos los tiranos de su época" diría de ella Vicente Blasco Ibañez en A los pies de Venus

Conocida popularmente como vampiresa de la Romaña, diablesa encarnada o virago cruelísima (virago es utilizado por los italianos para definir a una mujer que lucha como un hombre) era hija natural del noble lombardo Galeazzo Maria Sforza, hermano del influyente Ludovico Sforza, el Moro, quien regía la ciudad de Milán.

 

 

Fue educada como una más  de la familia Sforza, a pesar de ser bastarda y a los 10 años de edad la casaron con Jerónimo Riario, sobrino del papa Sixto IV, quien concedió a su pariente  la ciudad de Imola. La relación entre Catarina y Jerónimo fue tumultuosa y sembrada por las continuas infidelidades de él, a pesar de lo cual engendraron cuatro hijos.

En 1484, tras la muerte de Sixto IV, Catalina —embarazada de siete meses— ya dio muestras de su intrepidez cuando, para defender su patrimonio territorial, al frente de sus tropas tomó del Castillo Sant’Angelo para justificar su derecho sobre Imola ante el nepotismo del nuevo Papa. Así aseguró su dominio sobre Imola, y el nuevo pontífice, Inocencio VIII, le concedió la plaza de Forli.

 

El Castillo de Sant´Angelo

 

En 1488 su esposo murió asesinado. Acusada de estar involucrada en el complot, aunque se había enfrentado a los complotados, fue apresada junto con sus hijos, pero consiguió escapar. La bella noble consiguió, gracias a su famosa sangre fría, que se reconociese a su  primogénito Octavio Riario como nuevo señor de las heredades y los títulos dejados por su padre. Acuartelada en su castillo enfrentó el ataque de los aliados de su marido, quienes capturaron a sus hijos y amenazaron con asesinarlos. Según la leyenda  Catalina, desde la muralla del castillo, se levantó la falda y señalando sus genitales pronunció: "Ho con me lo strumento per farne degli altri!" ("Tengo el instrumento para hacer otros"). Con este gesto insolito logró que levantaron el asedio.

 

Catalina al frente de sus tropas

 

Poco después tuvo que hacer frente a la invasión francesa de Carlos VIII, defendiendo sus ciudades.

En los años siguientes, la hermosa viuda disfrutó de  fogosos amantes. La muerte de su favorito, Giacomo Feo de 19 años, asesinado por envidia, provocó su furia contra los asesinos y sus familias y generó una ola de ejecuciones, hasta que al fin llegó la gran pasión de su vida: Giovanni de Médici, apodado “il Popolano”, un apuesto florentino con quien se casó en secreto sin tener en cuenta los inconvenientes dinásticos. De esta unión nacería Giovanni de Médicis, futuro héroe nacional italiano que pasó a la Historia con el sobrenombre de Juan de las Bandas Negras.

 

Giovanni de Medicis, Il Popolano,

presunto retrato de La Adoración de los Magos de Filippo Lippi

 

Al morir su amado en 1498, volvió a quedar sola y a merced del odio de la familia Borgia, cuyo máximo representante, el papa Alejandro VI, había declarado la ilegitimidad de los señores que gobernaban la Romaña.

Consciente de que la guerra sería el único camino a seguir, Catalina se preparó para defender sus dominios frente a las tropas pontificias, a las ordenes del genio militar César Borgia, hijo del Papa, y decidió utilizar sus conocimientos alquímicos para envenenar al Santo Padre. Desbaratado el atentado, la Sforza se convirtió en público enemigo del Vaticano, denominada ahora “La diablesa de Imola”. Además por su interés en hierbas y alquimia fue acusada de brujería.

 

Papa Alejandro VI, Borgia 
 

En 1499, el ejército de Luis XII de Francia entra por el norte de Italia y  nadie se atreve a enfrentarse a los franceses pero la única que decide resistir es Catalina Sforza. Promovió tal oleada de simpatía que muchos soldados profesionales se fueron sin cobrar en un gesto de idealismo.

El 17 de diciembre de 1499 los ejércitos pontificios sitiaron Forli, tras haber tomado Imola sin oposición.

 

El Castillo de Forli

 

Catalina encabezó una feroz resistencia parapetada con 1.000 soldados tras los muros de la inexpugnable ciudadela interior. Había dicho "Si tengo que morir, quiero morir como un hombre" Entre éstos soldados se encontraban franceses de su nuevo aliado el rey de Francia Luis XII. Los  terribles  combates culminaron en enero de 1500 con la masacre de la guarnición de Forli y el prendimiento de Catalina por cuya captura Alejandro VI había ofrecido 20.000 ducados.

 

Caterina Sforza tomada prisionera, Dario Gobbi,1914

 

Catalina aun estaba en el esplendor de su belleza. Y según cuenta la historia, la misma noche de la batalla final, el vencedor  y la vencida Catalina, yacieron juntos víctimas de la pasión o de la fascinación de encontrar a un igual en la ambición. Catalina  recluida en el castillo de Sant’Angelo, se escapó pasados unos meses con la complicidad del propio César Borgia, quien la visitaba frecuentemente. Según Blasco Ibañez: "Tales suposiciones eran absurdas, César, de gustos refinados en sus amores, no podía sentirse atraído por esta amazona, admirable a causa de su brutalidad, pero poco atractiva como mujer; y en cuanto al padre, (- el Papa Alejandro VI-) vivía más dominado que nunca por Julia Farnesio".

 

Cesar Borgia

 

Volvió a sus dominios, que estaban ocupados ahora por la familia Orsini. Entonces se retiró a un convento de Florencia, junto a su pequeño hijo Juan, para dedicarse a la educación de su hijo y llevar ahora una vida más calma.

Falleció en Florencia en 1509.

 

 

 

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2 respuestas a Catalina Sforza, la Vampiresa de Romaña

  1. MARISOL dijo:

    Qué historia de mujer!

  2. Luis dijo:

    si en esos tiempos hubieran habido mas mujeres como esta… las mujeres no habrian sido tan vejadas y echadas a un lado por tantos siglos inclusive en estos dias

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