Desde donde me defino

Me defino a partir de mi vagina. Y aunque muchos se escandalicen de ello me parece algo ineludiblemente lógico.
Yo soy quien soy, y mi óptica de mujer condiciona mi Universo, el interior y el exterior. Desde mi sensibilidad y mi intelectualidad femenina elijo los paisajes, las cosas y los seres que me rodean. Y desde ese mismo lugar construyo mi paisaje interior, e invito a habitarlo a quienes viven en mi alma y mantengo descorrido el velo de los recuerdos para que también lo habiten aquellos que amé y que me amaron, pero que ya no están.

Desde mi vagina, enarbolada como símbolo de mi esencia femenina, enfrento la disyuntiva que hace siglos enfrentamos las mujeres: femineidad o feminismo. Siempre los extremos son malos pero creo que pocas veces tanto como en este tema. Pareciera que durante siglos las mujeres estaban condicionadas a una vida de casas de muñecas que cuando crecían se proyectaba en las reuniones de señoras para tomar el té y jugar cartas, si el marco social imponía femineidad. Y muy por el contrario en otras circunstancias históricas, cuando el feminismo aparecía como el grito desesperado en medio del naufragio, las reuniones para tomar el té se transformaban en  manifestaciones callejeras y protestas. Habían dejado el espacio cerrado del círculo de amigas para entrar en otro espacio tan cerrado como es el del núcleo revolucionario en medio de una multitud que miraba entre espantada y burlona o que ni siquiera miraba.
La historia de esta disyuntiva femenina, entre femineidad y feminismo,  que ha llenado miles de páginas, sumió a la mujer en un enclaustramiento que me recuerda  mucho a las formas de vida medieval.
 
Las ciudadedes-Estado, múltiples y cerradas dentro de ellas mismas, aparentemente autosuficientes, aparentemente armónicas, inevitablemente amuralladas con el sólo propósito de aislar un grupo humano del otro, por miedo, por desconocimiento, por inseguridad, por la "otredad", el "otro" que por ser desconocido nos genera pavor y lo sobredimensionamos al punto de transformarlo en un monstruo devorador y enemigo nuestro. Esas ciudades muchas veces tenían sólo un par de vías de acceso que estaban absolutamente vigiladas. No existe allí posibilidad alguna  de intercambio fluido: no hay posibilidad de contacto con el exterior. Y dentro de ellas el mismo modelo se repitía ad-infinitum, los barrios sectorizados segun la profesión desempeñada o la actividad desarrollada, la riqueza ostentada o el poder acumulado durante generaciones, los barrios discriminados por cuestiones religiosas o raciales.  Y dentro de los barrios las casas aisladas, con ventanas minúsculas, por las que muchas veces se arrojaban los excrementos, no las ventanas de hoy llenas de flores, desde donde proyectar la vida al exterior. Impensables las modernas concepciones arquitectónicas de las casas con "muros" de cristal en lugar de ventanas. Y buceando aún más hondo en el corazón de la concepción medieval, las casas convertidas en verdaderos gineceos donde la mujer veía "transcurrir " sus años.
Tanto dentro de los gineceos medievales o de todas las épocas, como dentro de las explosiones feministas, el latir del yo de  la mujer está presente, en la retracción como en el estallido.
La mujer construyó su mundo a partir de la falsa creencia de esa disyuntinva, sin entender que arriba de ese teatro de títeres no estaba el hombre , moviendo los hilos, como ilusamente ella pensaba. Quien manejaba los hilos era y sigue siendo la mujer misma.
La mujer a partir de su enorme fortaleza como gestadora y contenedora de vida, la mujer de los brazos múltiples , la mujer capaz de todo, de dar vida y de dar muerte, la heredera de la Diosa, dejó de creer en ella misma, en su potencialidad y en su poder y fuerza. Perdió su conexión con su instinto y su intuición. Y eso la sumió en siglos de incerteza, de confusión y de miedo, recluida en su universo amurallado medieval.
El hombre nunca tuvo ningún poder especial sobre la mujer como para inactivarla. La mujer se inactivó a sí misma. Y sin fe, sin la voz de las entrañas, sin sus sabios ojos de la intuición, no entendió porque su universo se paralizaba, dejaba de funcionar, se llenaba de cosas-situaciones-entornos no deseados, mientras sus verdaderos deseos no salían a la luz e incluso permanecían escondidos durante toda la existencia. El encierro sólo provoca más miedo, porque al no ver el exterior se lo imagina mucho peor de lo que es. La mujer entonces disminuía y el hombre se magnificaba, crecía y acumulaba poder. Es ley natural que el espacio vacío que deja algo, un sólido, un líquido o un gas, lo ocupa inmediatamente otra cosa. Par justificar su disminución, la mujer compró la explicación masculina de la fuerza física y luego la explicación religiosa del cristianismo que aportó un Dios creador y hacedor hombre  y creó dos arquetipos femeninos opuestos pero igualmente negativos, poniendo la tentación  en la mano de una mujer-serpiente, Lilith,  y la debilidad en manos de mujer voluble y fácil de manejar, Eva, que además por añadidura recibió la atribución de provenir de la costilla de Adán, de esta manera el Cristianismo reforzaba la idea de que la mujer no existe independienteme del hombre. 
La mujer a partir del cristianismo siguió desparramando males por el mundo, Pandora abrió su caja, las sirenas cantaron en los oidos de los marineros….Los ejemplos son innumerables.
Pero la mujer siempre fue libre de elegir y decidir. Y decidió creer, comprar las excusas que de alguna manera cubrían piadosamente su inacción, y la libraban de responsabilidad en la historia. Y pago muchas, también incontables veces, con su vida esta creencia acerca de su debilidad,como en la caza de brujas medieval.
La mujer se inactivó y cada paso que la mujer retrocedió fue un paso de avance del hombre, pero a veces ni siquiera concientemente. Pero no nos confundamos. Las casas de muñecas y las revueltas feministas nos fueron ocasionadas por el hombre, ni mucho menos por el machismo. En todo caso un hombre que está seguro de sí mismo , del lugar que ocupa y de su poder no necesita enrolarse en el machismo.
Las mujeres se embarcaron en el cauce de la femineidad o el feminismo por desorientación, por desesperación ante el camino perdido, y en otros casos por facilismo, por levedad, por inacción. Pero en ambos casos entendiendo la existencia de alternativas.
Siempre he sido partidaria de la idea de que nadie te hace lo que no te dejas hacer.
Evidentemente es dificil, y en algunas circunstacias sociales históricas más que en otras, escaparse a  siglos de desorientación, por ejemplo cuando ni siquiera se tiene acceso a la alfabetización. Tanto como es dificil romper con esquemas sociales rígidos como los de la sociedad victoriana, o esquemas religiosos como aquellos que instituyen aún hoy  la poligamia masculina y castigan con la muerte la infidelidad femenina. Y siguiendo esta cadena de horrores, es necesario recordar los tiempos en que incluso sin cometer "falta" alguna la mujer seguia el destino de su esposo muerto? O es necesario recordar las noticias de las últimas semanas, que hablaban de los cadáveres de niñas de la India sacrificadas por sus propios padres, por el sólo hecho de ser mujeres? 
 
Pero siempre la mujer pudo elegir, a veces casi en secreto, a veces más ostentosamente, a veces a través de seguir el camino del arte, o la vida monástica que les permitió acceder al conocimiento y a la expresión de sus ideas.
He optado, a partir de esta concepción, por caminar de la mano del hombre sin que ninguno de los dos dependa del otro, sin que ninguno asuma un rol presupuesto, sin que ninguno se ampare a concepciones previas.
Cada pareja se construye a si misma, y en esa construcción obviamente se reflejan concepciones culturales, históricas, personales de ambos. Sería utópico pretender empezar una relación como páginas en blanco que se reunen para escribir un texto único. No hay páginas en blanco ni habrá único texto. Pero si dejamos de culpar al hombre por lo que supuestamente hizo y empezamos a revisar lo que nosotras mujeres dejamos hacer y consideramos también nuestra responsabilidad por lo que no hicimos, es más probable que encontremos el punto de contacto que permita superar el abismo.
 
La disyuntiva femineidad o feminismo desaparecería en el acto si nos decidieramos a ser quienes realmente queremos ser, sin excusas.
Y desde allí deberíamos definirnos.

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2 respuestas a Desde donde me defino

  1. mineko dijo:

    he estado ausente porque me encuentro algo triste ultimamente…me estoy redefiniendo como individuo, como mujer, encontrando mis partes…es un poco doloroso por momentos y eso me lleva a refugiarme en mi soledad…que ahora  la he podido hacer creativa…antes solo era soledad…me cuesta mostrarme vulnerable, siempre intento verme fuerte y dueña de la situacion, las mujeres que me rodean son fuertes, mi madre, mi abuela lo fue, mi hermana, no se muestran vulnerables por lo que siempre crei que decir que estaba mal o pedir ayuda estaba mal, que no se debia…ahora me encuentro fragil y se que necesito explorar esa parte y pedir ayuda…
    vos te ves tan resuelta…tan sabiendo hacia donde vas…admiro eso
    abrazos 

  2. mineko dijo:

    mas alla de la cuestion femeneidad o feminismo que tratas en este texto me maravillo lo claro y verdadera que es esta frase pudiendose aplicar a la disyuntiva universal del ser o no ser:
     "nos decidieramos a ser quienes realmente queremos ser, sin excusas. "
    a esto me refiero con que sabes hacia donde vas.
    espero que se me hayan acabado las escusas para evitar ser quien soy…

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